Partiendo de la premisa de que “todo lo sexual es político” la artista, que se reconoce deudora de Beatriz Preciado, Susan Sontag, Segio Messina, Diana J. Torres y Jack Balas, entre otros, explora y rescata suburbios íntimos como reivindicación del sujeto.
Cris Latorre afirma que “la modernización de las esferas privadas de la vida, fruto de un capitalismo casi caníbal, ha dejado al ser humano huérfano de personalidad. Esta fuerza masiva de “la sociedad del espectáculo” (Guy Debord) y de la publicidad sexual, esa pornografía de buzón, ha conseguido incluso, des-genitalizar al sujeto” y que “el arte debe ser un poco criminal, el ejercicio es problematizar para crear una reacción, un vínculo”
Con estas premisas la artista recurre a la exposición de lo privado mediante la manipulación y la destrucción parcial de la fotografía para resaltar la exhibición de los secretos y placeres humanos. Juega con los escenarios del Realcore* como fetichización de lo íntimo. Tomando como recurso las posibilidades infinitas que ofrece el ciberespacio. Se recrea en los paisajes excéntricos de la pluralidad íntima de lo común, desgarrando los canones heterocentristas que los poderes sociales han ido reforzando a lo largo de la historia. Su obra, además de experimentar con el crecimiento personal como artista y sujeto, busca y necesita la interactuación con el espectador, que, muchas veces, ya sea a través de instalaciones o piezas varias, se convierte en parte activa de la obra.
La técnica del trabajo varía según la pieza, así mismo trabaja con la pintura, fotografía, dibujo, ilustración, diseño, instalación y video, rechazando la excelencia y siempre ferviente a la creencia de que un artista (in)completo es aquel que vive en continuo aprendizaje.
* Término acuñado por el artista, escritor y músico italiano Sergio Messina.